¿Puede influir el hambre en la decisión de un juez?

El formalismo legal sostiene que los jueces aplican razones legales a los hechos de un caso de manera racional y mecánica. Sin embargo, la aplicación racional de la Ley no explica suficientemente las decisiones de los jueces.

¿No estarán haciendo de las suyas los factores psicológicos?

El experimento de Danziger et al. (2011):

A pesar de la supuesta imparcialidad y racionalidad de los jueces, estos al fin y al cabo son también humanos. Como mortales, los jueces también se ven influidos por sesgos y por errores cognitivos, lo que afecta a sus fallos judiciales.

Danziger et al. (2011), pusieron a prueba la racionalidad de ocho jueces (2 mujeres y 6 hombres), con más de 20 años de experiencia, encargados de atender el 40% de las solicitudes de libertad condicional en Israel.  En total, recopilaron 1.112 fallos emitidos durante 50 días. Todos los días, cada juez examinaba entre 14 y 35 casos.

Estos autores partieron de la hipótesis de que, a medida que los jueces avanzaran en la secuencia de casos diarios, el cansancio mental iría haciendo mella, y sería más probable que aceptaran el statu quo. Es decir, que cuántos más casos evaluaran secuencialmente, más probable sería que rechazaran una solicitud de libertad condicional.  

El cansancio mental se puede superar, en parte, con descansos breves o aumentando el nivel de glucosa del organismo. Durante el experimento se registraron los dos descansos diarios para comer que tomaban los jueces.

El primer descanso consistía en un refrigerio de una media hora (entre las 9:50 y las 10:30). El segundo descanso consistía en un almuerzo al final de la mañana, de unos cuarenta minutos (entre las 12:45 y las 14:10 horas).

Así, las deliberaciones del día de los jueces podían dividirse en tres “sesiones de decisión” distintas (una antes del refrigerio, otra entre el refrigerio y el almuerzo, y otra después del almuerzo). Los autores consideraron que estos descansos podrían reponer los recursos mentales de los jueces, y afectar a sus decisiones.

Las consideraciones de los jueces se clasificaron en dos categorías: «aceptar solicitud» y «rechazar solicitud».

Resultados:

Danziger et al. (2011) encontraron que la probabilidad de que los jueces fallaran a favor de las solicitudes era de un 65% al comienzo de la jornada laboral o después de una pausa para comer. Sin embargo, la probabilidad de fallar a favor de la libertad condicional descendía hasta casi el 0% a lo largo de la secuencia de casos. Es decir, que justo antes de una pausa, la probabilidad de que los jueces estimaran las solicitudes era prácticamente nula.

Por tanto, desde la perspectiva del preso hay una clara ventaja en aparecer al comienzo de la sesión o inmediatamente después de una pausa. Sin embargo, los resultados pueden ser nefastos si se evalúa su procedimiento justo antes de una larga secuencia de decisiones.

Pero, ¿por qué rechazan y no aceptan las solicitudes?

Los autores argumentan que rechazar las solicitudes es una decisión más fácil y cognitivamente menos costosa. Los fallos favorables requieren significativamente de más tiempo y escritos más largos que los fallos desfavorables. Por tanto, rechazar es un resultado más probable cuando los jueces están mentalmente agotados.

Barrett, en su libro “La vida secreta del cerebro” (más que recomendado tanto para profesionales como para curiosos) aporta otro punto de vista. Esta autora explica que continuamente tenemos sensaciones corporales, y que nuestro cerebro puede interpretarlas de una manera u otra en función del contexto en el que nos encontremos.

Esta teoría supone que, a lo largo de las secuencias de decisión, los jueces pueden experimentar sensaciones negativas (porque están cansados, o porque tienen hambre y necesitan reponer fuerzas).

Estas sensaciones negativas pueden aparecer en el momento en el que están escuchando la historia de un preso y tienen que tomar una decisión sobre su libertad. Los jueces tienen una sensación desagradable y, por el contexto, en vez de interpretarla como “hambre”, la interpretan como “un mal presentimiento”.

Es decir, que según esta autora lo que se produce es un error en la interpretación de las sensaciones. Los jueces pueden estar cansados o tener hambre, pero lo interpretan como una prueba en contra de la libertad condicional, y así lo deciden.

Conclusiones:

En cualquier caso, como vemos, los sesgos psicológicos no entienden de leyes ni de objetividad. Variables ajenas (como el hambre o el cansancio) pueden influir en las decisiones judiciales.

¿Quiere esto decir que dos presos que hayan cometido el mismo delito pueden ser juzgados de manera diferente? Si. Parte de la suerte que corran puede depender de las circunstancias en las que sean juzgados.

Creación:

Ps. Forense, Andrea García. Ver más.

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