Según el acercamiento o el contacto diario y continuado desde pequeños que tengamos con nuestros progenitores, nuestra firma e inclusive, nuestra escritura, se asemejará en apariencia visual a la de nuestros padres.

El aprendizaje de la escritura

El aprendizaje de la escritura comienza cuando empezamos a hacer garabatos. Ya a partir de los 6 o 7 años, dependerá de la madurez del niño, se empiezan a adquirir hábitos escriturales que se irán matizando conforme madure el escritor, porque los elementos que intervienen en el acto de escribir son propios de cada persona; el cerebro que es el que emite la orden, nuestro cuerpo que hace de transmisor y el modelo de útil que escojamos, que es el que va a materializar dicho acto.

La asimilación gráfica

La asimilación gráfica se adquiere debido al interés prestado o ejercicio continuado hasta alcanzar un buen dominio. ¿Quién no ha intentado falsificar alguna vez la firma de sus padres? Sobre todo en la notas del colegio, comunicaciones por conductas contrarias, justificaciones de ausencias… ¡y lo han conseguido!, puesto que los profesores no han detectado la falsificación.

¿Por qué?

Porque desde pequeñitos hemos jugado a imitar la letra o la firma de mamá y papá, o hemos ayudado a nuestros hermanos con los deberes imitando su escritura para que no le pillaran. Haciendo esto, tanto con la parte consciente del cerebro como con la parte inconsciente, adquirimos velocidad, espontaneidad y asimilación de los gestos gráficos ajenos. Por ejemplo: a ligar la escritura, a poner un círculo como punto de la “i”, a escribir las “m” y la “n” al revés…como lo hacen nuestros seres más cercanos, queridos u odiados.

¡Pero no somos tontos!

Ya desde bien jóvenes seleccionamos qué firma o manuscrito queremos imitar. En el caso de que los dos progenitores sean siempre los que signen los documentos, a la hora de imitar su firma o escritura, nos decantaremos en primer lugar por el progenitor que mayor relación tenga con nosotros y, en segundo lugar, por el que firme o escriba de forma más sencilla o simple. 

Entre los 7 y los 15 años adquirimos agilidad y apariencia gráfica por cercanía. Esto ayuda al estudio inconsciente de los «gestos tipo» – bucles, inicios y finales en la escritura, óvalos cerrados o abiertos… – facilitando la falsificación. Más tarde conservaremos u omitiremos elementos de la propia firma.

Ocurre de igual forma cuando desde bien jóvenes compartimos espacio laboral con personas que admiramos o por el contrario repudiamos. Los ejemplos más usuales los encontramos en; esa firma autorizada del jefe realizada por la secretaria, o el contable que odia a su jefe y le va estafando poco a poco falsificando su firma en pagarés de pequeñas cantidades, entre otros casos reales.

La firma y la escritura evolucionan, pero el falsificador en estos supuestos conoce las formas gráfica ajenas y las ensaya de forma reiterada hasta conseguir unos trazos bastante parecidos y, además, dotados de velocidad y espontaneidad, anulando estos dos elementos comparativos que no van a delatar la falsificación.

La asimilación gráfica es un objeto a estudiar con ciertas dificultades, no solo por lo mencionado anteriormente, sino porque las posibilidades de identificación del autor de tal reproducción gráfica dependerán de:

1º.- Del grado de asimilación de las formas ajenas.

2º.- De la riqueza gráfica de la firma y su extensión.

Si la firma falsificada es considerada simple y de escasa riqueza gráfica, la probabilidad de identificación de su autor disminuye considerablemente en comparativa con una firma compuesta, extensa y de gran riqueza gráfica, donde sus probabilidades de identificación aumentan por la imposibilidad de mantener los hábitos gráficos del autor original. 

Como recomendación para evitar que sus seres más queridos y allegados usurpen su personalidad gráfica, en decir; su firma, ¡pónganselo difícil! Cambien su firma simple o sencilla por una más compleja, o en su defecto, estén siempre alerta con el exceso de confianza.

Ana Vilar
Ana Vilar

Peritos Calígrafos

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