“Teóricamente somos el ser racional por excelencia y, sin embargo, somos la especie más emocional

(Eduard Punset)

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¿Por qué son tan importantes?

Le ves y, des del primer momento, lo tienes claro: te gusta. Tiene ese no sé qué, que qué sé yo, que yo qué sé que te despierta las orugas dormidas y sientes como acaban revoloteando mariposas por tus entrañas; unas cosquillas que avivan el deseo del fenómeno llamado empotramiento. Le dices de quedar, a lo que responde que sí; y te propone ir a su casa, con lo que ya no puedes ser más feliz. Y, ahí, el fenómeno se convierte en un hecho real y las mariposas estallan hasta convertirse en una situación inefable.

Qué gran momento, ¿eh? Vamos a cambiar la emoción:

Le ves y, des del primer momento, lo tienes claro: te da absolutamente igual. Tiene su mirada puesta en ti a cada segundo que pasa y te despierta la preocupación, que acaba revolviendo tus entrañas y convirtiéndose en asco. Te dice de quedar, a lo que respondes que no. Y al ir al baño te encuentras, sin buscarlo ni quererlo, ante el fenómeno llamado empotramiento; y tu ira estalla hasta convertirse en una situación inefable.

*Un apunte: que este caso concreto no sirva de precedente para lo que voy a explicar; la importancia, en realidad, reside en el cambio antagónico de situación que se desencadena a raíz del cambio en la emoción.

¿Sigue pensando que las emociones no tienen ninguna influencia?; ¿que no cambian las cosas?

¿Sigue creyendo que no deben ser escuchadas ni comprendidas?, ¿ni tenidas en cuenta para entender situaciones y evitar o solucionar problemas?, ¿ni para llegar a acuerdos que sean funcionales y cumplidos?

La identificación de las emociones

No sé si se ha fijado en que los sentimientos los vivimos como sensaciones físicas; sensaciones que cada uno de nosotros experimenta de una forma distinta.

Bien; como dice el Dodo de Alicia en el País de las Maravillas: “la mejor manera de explicar una cosa es practicarla”; así que, en cuanto a mí y a modo de ejemplo: mientras la alegría es una sensación de aire fresco que nace de mis pulmones, la tristeza parece ser una pelota de hierro pesada que se me ha quedado atascada en las entrañas.

Aunque, normalmente, son sensaciones que conectamos con el torso (y aún y el topicazo de que residen en el corazón), parece que cuando sube el nivel de intensidad pueden llegar incluso a recorrer nuestro cuerpo entero: en mí, el miedo suele aparecer como un pinchazo entre mis costillas pero es capaz de llegar a hacerme temblar las piernas y saturarme el cerebro.

¿Y usted?

¿Cómo describiría sus emociones?; ¿qué sensación nota en su cuerpo cuando le invade la ira?, ¿le quema?; ¿y la tristeza?, ¿le vacía?; ¿y la alegría? Pruebe a averiguar cómo le afectan los sentimientos y se dará cuenta de que tanto el deleite como el sufrimiento emocional son verdaderamente reales; realmente físicos.

¿Para qué sirve esto?

Es información

Es decir, si algún día me ve con las piernas temblando, y con cara de reseteando sistema, apuesto a que ya sabrá qué me está pasando -estoy cagada de miedo- y le será mucho más fácil comprender mi reacción; sea o no la que esperaba encontrar.

Aún así, hay que decir que el tiemble de piernas se trata de una reacción que todos somos capaces de reconocer a primera vista como emocional y que, en concreto, apareamos con el miedo; con lo cual, este es un caso fácil de entender. Hay otras reacciones que son más de sentido propio que de sentido común (las particulares de cada individuo) y solamente podemos llegar a comprender lo que está pasando de una forma: preguntando.

También hay otras emociones que se pueden apreciar desde lejos, sin tener que acercarse a preguntar -como la sonrisa-, pero la verdad es que, con el tiempo, hemos aprendido a emmascarar algunas como si de un pudor se tratase; así que de poco nos sirve su reconocimiento estando este en duda. Me refiero a situaciones como la mítica respuesta callejera al ¿cómo estás?: bien, ¿y tú?; acompañada de una sonrisa que nunca sabes si es honesta o protocolaria (lo que La M.O.D.A. entiende como conversaciones de ascensor).

Nos hemos acostumbrado a olvidar una gran e importante parte de nosotros mismos; es decir, poco nos solemos sincerar con respecto a nuestros sentimientos. Siguiendo esta tendencia, le pregunto ¿cómo van a poder entendernos los demás, si les falta información?

La verdad sea dicha: es difícil, así, conocernos para entendernos y entendernos para reconocernos.

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Con ellas reconocemos nuestras necesidades

Recuerdo que, cuando en el Máster de Mediación en Conflictos de la Universitat de Barcelona (UB) nos enseñaron la Comunicación Noviolenta (CNV), nos repartieron un pack de hojas con grapa incluída que contenían una lista de sentimientos y necesidades -como una guía para que aprendiéramos a identificar y diferenciar- (por cierto, que el dinero no es una necesidad; es más bien un medio para cubrir una necesidad propiamente dicha, como puede ser el hambre o la seguridad).

Para empezar, había dos secciones de sentimientos: aquellos que surgen cuando las necesidades estan cubiertas y los que surgen cuando no lo estan. Dentro de dichas secciones, encontrabas varias categorías de sentimientos generales que contenían otros de específicos; y, a continuación, se exponía una lista de necesidades.

Ejemplos de sentimientos:

ANTE NECESIDADES SATISFECHAS

Placer: estar feliz, alegre, contento, satisfecho, orgulloso, flotante, radiante, pletórico, efusivo, excitado, fascinado, afortunado, esperanzado, optimista, sensual, vivo, comunicativo, en harmonía…

Calma: estar en paz, tranquilo, sereno, relajado, descansado, aligerado, calmado, sosegado, silencioso, quieto, plácido, neutral, tolerante, equilibrado, confiado, harmonioso…

ANTE NECESIDADES NO SATISFECHAS

Rabia: estar molesto, disgustado, descontento, frustrado, indignado, enfadado, malhumorado, enojado, irritado, crispado, furioso, enfurecido, impotente, desesperado, hostil, violento…

Miedo: estar temeroso, tembloroso, aterrado, espantado, con pánico, agitado, inseguro, incómodo, tenso, ansioso, nervioso, alarmado, paralizado, inerte, cerrado…

Y un largo etcétera.

Ejemplos de necesidades:
  • Subsistencia y bienestar físico: la respiración, el descanso, la hidratación, el movimiento (corporal) o la expresión sexual
  • Seguridad: como la confianza, la protección, el orden, el confort o la paz
  • Libertad: como la independencia, la autonomía u otras libertades concretas (de movimiento, de expresión…)
  • Identidad: como la autenticidad, la evolución, la integridad o la confianza en uno mismo
  • Relacionales: como la compañía, la atención, el respeto, la escucha y la empatía o la honestidad

Y otro largo etcétera.

¿Y cómo los conectamos entre sí?

Una de las necesidades no cubiertas que derivan en miedo podría ser, en un supuesto caso, la seguridad; si bien cuando ésta no está cubierta nos podemos sentir alarmados, inseguros y cerrados. Por el contrario, cuando la necesidad de seguridad está cubierta, nos solemos sentir calmados, tranquilos, en paz y serenos.

Que quede, ello, como ejemplo hipotético; pudes todo lo que yo pueda decir de forma generalizada es mera especulación. Lo que sí que les puedo asegurar es que solo tiene la respuesta correcta quien lo siente.

¿Y en una negociación?

Es a través de las emociones cómo podemos percibir qué necesidades tenemos -las podríamos observar como un filtro de información-; y toda petición que hagamos, en una negociación, tendrá que ver -como expliqué mediante la Pirámide PIN de “El gran error del capitán del Titanic”- con alguna necesidad o necesidades que debamos cubrir (sino, dudablemente nos encontraríamos ante tal posición).

Además, un posible entorpecimiento para una negociación podría deberse a que una de las partes estuviera ocultando información relevante, para llevar a cabo la misma, a raíz de sentirse insegura y alarmada devido al miedo que le pudiera generar compartir esa información.

Pongamos, en este caso, que fuera por la falta de seguridad ante la situación (eso es, una necesidad no cubierta): ¿no le parece a usted, esto, un obstáculo para alcanzar un acuerdo funcional?, ¿un problema pendiente de resolver, antes de proceder a cualquier negociación?; ¿qué está pasando aquí?, ¿me he perdido algo?

Me entran ganas de decirle: dos minutos de publicidad y volvemos; pero lo dejaremos en: pues, justamente, en este caso es donde entraría…

La mediación

Se trata de un proceso sensibilizado: goza de unos pasos previos a la negociación que acercan a las partes mediante el reconocimiento de sus intereses y/o necesidades (dependiendo del grado de conflictividad del caso, por supuesto); pasando, por lo tanto y en muchas ocasiones, por la expresión de sus sentimientos.

Es de esta forma cómo entendemos que se llega a la comprensión completa de la situación conflictiva: sin ir a ciegas ni solucionándolo a medias.

Y es que mediante técnicas como la CNV, la escucha activa, el efecto espejo o las preguntas milagro (buscando la bajada a las profunidades de la Pirámide PIN) podemos lograr que las partes alcancen esa compresión, entre ellas, con la que negociar se haga más fácil, ameno y pacífico; es decir, menos difícil, tenso y hostil.

De hecho, es trabajo de los mediadores lograr que las necesidades de las partes -como la confianza y la seguridad; la escucha, el respeto y la comprensión; o la integridad y la libertad de expresión- queden cubiertas durante todo el proceso, para que se desarrolle una comunicación efectiva.

Al final, nosotros somos un filtro de comunicación entre las partes: usamos las técnicas de mediación para recolectar la información, para verificar que la hemos entendido correctamente y para aseguranos de que llega a la otra parte de la misma forma.

En próximos capítulos…

¿Y qué pasa con las emociones del mediador?, ¿no puede afectar, ello, a su imparcialidad?

En cuanto a mi próximo artículo: voy a empezar a atar cabos entre mis entradas ya publicadas y los principios de la mediación; y es que donde esté la comprensión, mediante la entrada en profundidad, que se aparte la banalidad.

Creado por:

Mar Novellas
Mar Novellas

Mediadora y jurista.

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