Fracasado

Fracasado. Tú, sí tú, fracasado.

No sé qué tiene esta palabra, pero jode y mucho. 

A mis 26 años tampoco es que pueda permitirme dar lecciones, pero tras más de 10 estudiando puedo asegurar que el fracaso ha sido uno de los peores sentimientos que he experimentado. O lo que es aún peor, el miedo a ver que ese fracaso puede llegar, ese paso previo, independientemente del resultado final.

No voy a incidir demasiado en analizar la sociedad competitiva en la que vivimos – creo que todos somos conscientes de ello -, pero me gustaría ahondar en la importancia que tiene aprender a afrontar el miedo al fracaso, sobre todo, a nivel laboral. 

La (poca) preparación al salir de la carrera

Esta semana, charlando en una de las divertidas e interesantes entrevistas de mi canal reflexionaba con un compañero acerca de esa poca preparación que tenemos todos al salir de la carrera y, lo que es peor aún, tras cursar el máster de la abogacía.

Ahí radica uno de los grandes problemas de la profesión:

Sales del máster sin saber ni de lejos en qué consiste ser abogado, siendo incapaz de ser mínimamente autosuficiente en tu primer trabajo, y ya te has subido a la cima de la montaña y has tirado la bola de nieve, que empezará a rodar y rodar engordándose a marchas forzadas.

Es imposible mantener una relación laboral digna en estas condiciones, las relaciones de poder se encuentran totalmente desequilibradas y la precariedad aflora como consecuencia ineludible de esa bolita que ya ha arrasado con la primera de las aldeas: los becarios.

Las condiciones laborales de esos pobres aldeanos son lamentables, como lo es también la calidad del trabajador que recibe la empresa, consecuencia directa de una formación que no te prepara para afrontar la realidad del mundo laboral. Nos han dado un pico y una pala para hacer un castillo y cuando queremos hacerlo, nos damos cuenta de que nos faltan herramientas.

Si se me permite la reflexión, muchas veces obviamos que una relación laboral, desde su raíz, consiste en un intercambio de dinero por fuerza de trabajo, sin más. Y subrayo la palabra intercambio, que subyace en dos partes que deberían partir en igualdad de posiciones. 

Pero tranqui, que hoy en día ya no existen los becarios. Hoy todos somos legal trainee, que mola bastante más. Otra ayudita más para engordar la bola, que dicho sea de paso nos ha costado unos cuantos miles de euros.

Los abogados

Nosotros, los abogados, somos esa «raza aria» de la sociedad que desde jóvenes hemos crecido para ganar, para machacar al otro -te lo digo yo que he visto muchas series de abogados-.

Cuando digo al otro me refiero al abogado contrario, sí, pero también al compañero de al lado que se está jugando un puesto conmigo. O ese abogado de la manzana de al lado que lleva los mismos temas que yo y tiene más clientes. Y encima el cabrón es más guapo y sus trajes son más caros. Porque somos esa clase de personas que trabaja con traje y corbata y, solo por eso, ya somos gente respetable ¿no?

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El traje del abogado o el abogado con traje

Lo del traje mola, tampoco voy a engañar a nadie, pero es imprescindible que el abogado lleve al traje y no al revés. Por lo poco que he visto en la profesión hay una palabra que reina por encima de todas: el estrés. Y qué es el estrés sino ese miedo a no llegar, a hacer menos que fulano, a que mengano no se enfade por la tarea, en definitiva, ese miedo al fracaso. 

El estrés y la excelencia

No podemos permitirnos errar, tenemos que ser excelentes desde el minuto 0, al fin y al cabo somos abogados.

¿A quién no le han encargado X tarea que no sabía hacer y, por no reconocer que no sabía hacerla, por no preguntar, la ha hecho mal? Luego llega el toquecito de atención.

Si he hecho una cosa mal ya no puedo fallar, pero resulta que al hacer la siguiente tarea estoy como un flan y la hago peor y, si repetimos la operación unas cuantas veces más, ya tenemos un trabajador inseguro. 

No hay nada peor que no estar seguro de lo que haces, porque lo fácil se vuelve difícil, porque hago ese escrito de trámite sencillo que debería llevarme 5 minutos pero claro ¿y si está mal?

Voy a ver por internet otros escritos similares o, mejor aún, voy a buscar jurisprudencia. Espera, pero si es un escrito de mero trámite y…claro, ¡qué jurisprudencia le voy a buscar a eso! Pero bueno, voy a intentar poner más cosas, que solo con tres líneas queda mal…

Y como por arte de magia esa tarea de 5 minutos se vuelve en 30. Eso sí, te queda un escrito perfecto, aunque tu seguirás pensando que no. 

Ese miedo a fallar es el que nos cohíbe, el que nos hace peores, al que debemos combatir. Como dice un buen amigo mío, esto es como ligar:

“No se trata de ser más guapo o más feo, sino de estar convencido de hacerlo”. Ay Jean-Luc…

La inseguridad

Es una putada. Una vez estás metido en esta vorágine de inseguridad creedme que no es nada fácil salir.

¿Y qué haces? Trabajar, mucho. Y ahí estás jodido. Porque si todo el mundo sale del despacho a las 22h, significa que tengo que estar calentando la silla hasta las 22h, aunque sea jugando al Candy Crush. Y el de mi lado, naturalmente, hará lo mismo. Y el de al lado del de mi lado.

Espera un momento, ¿tendremos entonces una abogacía poco preparada para un juicio pero experta en juntar caramelos? Menos mal que el Candy Crush hace siglos que pasó de moda…

En definitiva, si te sientes identificado con alguno de los párrafos precedentes, huye. Vete, no pasa nada. Personalmente no soy nada partidario de la frase “tu estate X años puteado, que luego tendrás la vida solucionada”

Quiero creer que se puede aprender, mejorar, sin necesidad de estar todo el día pasándolo mal. Te moverás hasta encontrar tu sitio donde sentirte seguro, donde harás lo mismo que antes pero con confianza, porque hay muchísimas formas de encarar un error y verás que si te apoyan sacarás lo mejor de ti, y es ahí donde verdaderamente aprenderás. Aprenderás a combatir ese miedo al fracaso con seguridad, preguntarás sin miedo a parecer un ignorante -porque lo somos- y te darás cuenta de que es imposible hacer las cosas solo.

Negaré haber escrito este párrafo, pero incluso verás que el efecto inseguridad se gira a tu favor, porque cometerás un error y por la seguridad que mostrarás, se quedará en menos. Perderás ese miedo a no hacerlo todo siempre perfecto, porque no se te exige, porque lo perfecto no siempre es funcional y sabrás cuando escoger. 

Pero este trabajo es de todos, al fin y al cabo solo está en nuestras manos ayudarnos, mejorar. De los mayores responsables a los jóvenes compañeros. Todos hemos empezado con un pico y una pala y si en algún momento hemos contribuido a engordar la bola de nieve, al final terminará por arrollarnos el castillo, por más grande que sea.

Creación:

Aldric Lázaro, creador de Caña al Derecho. Ver más.

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