Te presentamos la primera de tres entradas relacionadas con la profesión de la abogacía escritas por varias colaboradoras de la plataforma, que te darán las claves para ser un/a abogado/a joven.

Contenido de la página

1- INTERROGAR DE FORMA EFICAZ

La verdad

Pocos abogados se centran en buscar la verdad y sí la trampa. Un consejo esencial es buscar la verdad, entorno a cómo sucedieron realmente los hechos y qué pasó.

El juez intuye muy rápido el ánimo y las intenciones en nuestro interrogatorio y no duda en declararlas impertinentes.

Tipos de preguntas

Abiertas:

Suelen comenzar con los pronombres “qué”, dónde”, “cuándo”, “porqué” y “cómo”.

Estas preguntas causan poca presión psicológica al interrogado, les da libertad y les motiva que cuenten tranquilamente su historia (peligro para el interrogado).

Aquí obtendremos información que no conocíamos. ¿Qué ocurrió el día de los hechos?

Cerradas:

Suben la presión psicológica del interrogado y tiene menos tiempo para pensar.

Le fuerzan a responder a una de las alternativas que le preguntamos.  ¿Estuvo ayer en su casa? Sí/ No.

Sugestivas:

Con ellas intentamos sugerir al interrogado una respuesta. Intentamos que nos responda a algo de nuestro interés de manera muy indirecta (carácter inofensivo)

¿Desde cuándo su empresa dejó de pagar? Aquí ya damos por hecho que la empresa dejó de pagar. Suelen ser declaradas impertinentes por los jueces, y se utilizan normalmente en las jurisdicciones penal y laboral.

Las respuestas que nos pueden dar (en el círculo) y las defensas que podemos usar (en el cuadrado).

Conclusión

Interrogar es una habilidad y por tanto, puede entrenarse, aprenderse con bastante éxito. 

Hemos de mencionar las fases del interrogatorio (extracción, cierre y refutación), es importante ser muy cuidadoso con el lenguaje tanto verbal, como no verbal y mantener el decoro. 


Angélica Molins
Angélica Molins

Abogada en Madrid


2- LA VOCACIÓN

Según la Real Academia Española, vocación es la “Inclinación a un estado, una profesión o una carrera”.

Aplicándolo a nuestro caso, la gran profesión del abogado/a, ¡la todopoderosa carrera de Derecho!.

Que tan pronto la empiezas ya dudas sobre si esa es tu verdadera vocación o mejor pasar a algo más ligerito.

Sin embargo, más pronto que tarde, llega el día en que tienes el título de graduado, y ahí estás, con los ojos iluminados porque por fin has llegado a la meta y vas a poder empezar a cumplir tu sueño de dedicarte a lo que quieres con todas tus fuerzas, porque, si me lo permite la RAE, la definición tendría que añadir la palabra “felicidad” para estar completa. 

¿De dónde nos sale la vocación a los abogados/as?

De la serie Ley y Orden quizás, de las increíbles películas de juicios americanos, de nuestras madres y padres o de la vecina de enfrente que siempre va tan bien vestida y tiene ese coche que tanto nos gusta, ¡qué estilo tiene, como se nota que es abogada!

Y en ese momento nos imaginamos a nosotros de mayores así, bien vestidos, saliendo con nuestro maletín para empezar a ayudar a nuestros/as clientes en aquello que necesiten, sabiendo que podremos llegar a hacer justicia antes casos que nos llenan de rabia. 

Quizás la vocación del abogado/a nazca de algo muy concreto, por ejemplo, un animal.

Nuestro perro que era parte de la familia pero que tenía un pasado lleno de maltrato, o ese elefante que vimos en el circo tan delgado y triste, al que le daban con palos para que hiciera su papel.

De golpe nos enfadamos y llenos de rabia gritamos que lucharemos para que esas situaciones se acaben, que seremos los mejores abogados/as animalistas y haremos todo lo posible por defender a los animales.

O puede que sea el dinero, ¿el dinero puede ser vocación?

Vamos a decir que sí, quizás te veas luchando por ser un pez de los más gordos dedicándote a defender casos de importantes empresas, de las industrias más grandes de nuestro país o incluso del mundo, y ahí estarás, estudiando mercantil porque sabes que tu futuro llegará por ese camino y que vale la pena superar cualquier obstáculo porque la meta será grandiosa.

Ser abogado/a es vocación por la gente, por sus problemas, por pensar que aportamos un granito de arena para que lo negro se vuelva más gris.

Es vocación por leer sentencias, libros que a veces te vuelven locos o te hacen bostezar, por discutir con tus amigos/as con una Estrella Galicia sobre la legalidad del estado de alarma y por lo muchos que nos gusta decir “oye, no vayas de listo que soy ABOGADA”.

Un gran abogado siente vocación por la abogacía, por el derecho, siente pasión, felicidad al dedicarse a lo suyo, y eso es lo que le hace seguir cuando el estrés, los casos perdidos, las meteduras de pata, los malos días, las malas palabras o las injusticias se vuelven una sombra negra que te pregunta si vale la pena.


Beatriz Ferradás Castro
Beatriz Ferradás Castro

Abogada en Galicia


3- HABILIDADES Y ORATORIA

HABILIDADES

Habilidades psicológicas

Las habilidades psicológicas, conocer la psicología.

En Derecho Penal, considero imprescindible en los casos de violencia, conocer la psicología de la víctima, para evitar en todo momento la revictimización secundaria y que se sienta incómoda.  

Habilidades profesionales

Las habilidades profesionales, la formación continua, la constante lectura de jurisprudencia, entre otras. Cuando atendemos a un cliente, debemos hacerlo de la manera más actualizada. 

Habilidades sociales

Las habilidades sociales, saber relacionarnos tanto con los clientes, como con otros abogados, con los jueces, con la sociedad. 

Habilidades comerciales

Las habilidades comerciales, actualmente quién no está en Internet, no existe. Mi consejo es que estéis en las redes sociales que tengáis tiempo de dedicarle. Si tenéis página web, hay ir actualizándola. Además de asistir a networkings. 

Habilidades empresariales

Las habilidades empresariales, en el caso de ejercer por cuenta propia, es necesario saber cómo gestionar un despacho. Gestionar no es sólo saber llevar los expedientes, además debemos conocer las obligaciones fiscales, saber cómo actuar ante los diferentes clientes y llevar la contabilidad.


ORATORIA

La oratoria es la capacidad de hablar ante el público con gran elocuencia. Con elocuencia me refiero a comunicar bien de forma fluida y efectiva para convencer o persuadir a quien escucha. 

¿Con esta capacidad se nace o se puede practicar?

La oratoria se puede practicar, no es necesario nacer con ella. Evidentemente si nacemos con la facilidad de hablar en público y lo practicamos obtendremos un mejor resultado. Si no nacemos con ella y la practicamos obtendremos también ese resultado. 

A continuación, os escribo los consejos que a mí me ayudan a mejorar mi oratoria para que también os ayuden a vosotros.

Consejos para la mejora de la oratoria

El consejo fundamental es ejercitar la práctica, entre más tiempo practiquéis, mejor lo haréis y menos os costará. 

El mensaje que queremos comunicar debe ser claro, preciso, correcto, conciso y elegante y cortés. 

Debemos tener claro cuál va a ser nuestra audiencia. No es lo mismo tener que comunicarse entre compañeros, en un estrado, con un cliente. Se debe adecuar siempre la oratoria a nuestra audiencia. 

Asimismo, debemos aprender a enfatizar y a “jugar” con nuestra entonación, para resaltar lo que a nosotros nos interese, y para no resaltar lo que nos perjudique a nosotros o a nuestros clientes. 

También debemos saber “jugar” con los silencios, un silencio nunca puede ser demasiado largo, porque da sensación de habernos quedado en blanco. Os recomiendo usar los silencios para indicar el final de una idea, de una frase, de un epígrafe. Cuando es el final de una frase siendo lo que prosigue de la misma idea, la duración del silencio que yo utilizo es de un segundo. 

Cuando se cambia de idea, es de 2 segundos. 

Además, nunca debemos olvidar nuestro lenguaje no verbal y simultáneamente observar el lenguaje no verbal de quien nos escucha.

Para acabar, os escribo cómo consigo tener una buena oratoria. Primero, pienso lo que quiero transmitir y la forma de hacerlo; segundo, lo guionizo; y tercero, ensayo. Y el secreto es practicar a menudo. 


Nathalie González
Nathalie González

Abogada y mediadora


4- MEDIACIÓN Y NEGOCIACIÓN 

Pensarás: “¿qué tiene que ver la abogacía con la mediación y con la negociación?”

Probablemente, dentro de unos años no será necesario explicarlo –o eso espero–. Hasta ahora, la mediación es la gran desconocida, no solo para la sociedad, sino también para los propios profesionales; entre ellos, se encuentran los abogados, teniendo algunos de ellos una percepción equivocada de qué es la mediación y cuál es su alcance.

Por eso, alguna vez les habrás escuchado decir “los abogados llevamos toda la vida mediando”. ¡Qué disparate! Pensamos los que sí somos mediadores (y, en algunos casos, también abogados). 

Un abogado no media; un abogado negocia.

Son acciones distintas, entre otras cosas porque nadie puede ejercer de manera simultánea en un mismo asunto como abogado y como mediador; o eres abogado (de una o de ambas partes) o eres mediador (no te posicionas a favor de ninguna de ellas). 

Precisamente lo anterior tiene como consecuencia la confusión de la mediación y la negociación, así que vamos al grano.

¿Qué son la mediación y la negociación?

Negociación

Negociar es, conforme a la definición más afín a la mediación que aporta la RAE, tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro.

A su vez, y nuevamente atendiendo al concepto que más se aproxima a la mediación, la RAE define la negociación como los tratos dirigidos a la conclusión de un convenio o pacto.

Esto quiere decir que para negociar ni siquiera es necesaria la intervención del abogado, y si la hay, el abogado actuará representando a su cliente.

Mediación

Por su parte, la tercera acepción que la RAE nos ofrece del término mediar es actuar entre dos o más partes para ponerlas de acuerdo en un pleito o negocio y, de manera correlativa, recoge como mediación aquella actividad desarrollada por una persona de confianza de quienes sostienen intereses contrapuestos, con el fin de evitar o finalizar un litigio.

Mediación, por cierto, que está empezando a hacerse hueco en este loco mundo de los conflictos.

¿Y entonces…

…qué es lo que hace un abogado?

Para responder a esta pregunta, hay que tener en cuenta la Pirámide PIN –explicada de manera inmejorable por nuestra compañera Mar Novellas en esta entrada–.

Solo así podremos entender que un abogado negocia teniendo en cuenta la posición de su cliente e intentará alcanzar un acuerdo que le beneficie lo máximo posible, por lo que el propio abogado se posiciona –valga la redundancia– a favor del cliente.

En cambio, un mediador comienza conociendo las posiciones de los mediados –de ambos–.

Emprende así un viaje hacia lo más profundo del iceberg –las necesidades–, pasando por el nivel intermedio –los intereses–. A lo largo de este viaje, intentará que salgan a relucir cada uno de los elementos clave de esa Pirámide PIN; solo así los mediados se darán cuenta de dónde deben partir para tratar de alcanzar el acuerdo; acuerdo que no vendrá promovido por el mediador.

En definitiva

Mediación y negociación son métodos de resolución extrajudicial de conflictos distintos, así que un abogado puede negociar o mediar, pero no ambas a la vez.

Por tanto, tú, como abogado, puedes ser abogado y negociador en el mismo asunto, pero no puedes ser abogado y mediador en el mismo asunto.


María González Merchán
María González Merchán

Abogada en Salamanca


5- PERDER UN CASO

Las cosas, por desgracia, no siempre salen como uno quiere.

Por consiguiente, en ocasiones, los Abogados debemos hacer frente a la (temida) derrota.

En primer lugar, me gustaría destacar la importancia de no confundir el hecho de “perder un caso” con el hecho de “ser derrotado”, pues el resultado de un litigio no tiene por qué determinar el éxito o el fracaso de nuestro trabajo.

Suele ocurrir que, pese a que una Sentencia sea desfavorable, durante el transcurso del caso se hayan cumplido otros objetivos más importantes para el cliente que la “victoria”. 

En este sentido, resulta imprescindible haber informado debidamente al cliente acerca del objetivo y del enfoque del asunto, de las posibilidades reales de éxito y, sobre todo, haberle dedicado el tiempo y el esfuerzo necesario, pese al resultado final.

No olvidemos que nuestra profesión es una profesión de medios, y no de resultado.

De hecho, no podemos perder de vista que, a la hora de preparar y defender un caso, no siempre contamos con todos los medios o recursos que serían esperables:

Tenemos insuficiencia de elementos necesarios por parte de nuestro patrocinado, puede haber jurisprudencia cambiante durante la tramitación del proceso, quizá un Juez con un criterio que no siempre va en la misma dirección que el propio, o puede que un compañero en el bando contrario que también contará con argumentos convincentes.

Sin embargo, cuando “perdemos”, debemos ser consecuentes con ello y tener la suficiente profesionalidad como para informar al cliente de forma que comprenda los motivos que han hecho mermar sus pretensiones.

Es importante hacerle saber que se le ha dedicado a su caso la máxima entrega posible, aunque pueda sentirse decepcionado por el resultado. Seguramente, habrá personas que lo entiendan con mayor facilidad que otras, pero, en cualquier caso, si por parte del Letrado ha habido una palmaria dedicación y un buen trabajo, el no hecho de no haber ganado no será lo más relevante.

Por esto mismo, es aconsejable mantener informado a nuestro poderdante de todas aquellas gestiones relevantes que se vayan produciendo durante la tramitación de su expediente, así como no crearle falsas expectativas ni asegurarle victorias, pues generalmente éstas no se pueden garantizar.

Al propio Abogado, por su parte, la frustración causada por no haber conseguido un mejor resultado le hará crecer como profesional. La derrota también es necesaria para aprender a superarse y a adquirir nuevos conocimientos y experiencias, que nos servirán para alcanzar nuevas metas en futuras ocasiones.

No debe caber la posibilidad de poner en duda la propia capacidad profesional, sin perjuicio de corregir aquello que nos puede hacer mejorar como profesionales.

Me gusta recordarme a mí misma que unas veces se gana y otras se aprende.

Y, por último, no olvides que lo importante no es haber caído, lo importante es levantarse.


Kelly Leclercq
Kelly Leclercq

Abogada en Barcelona


6- GESTIÓN DE DESPACHO 

¿Vas a empezar a trabajar? Tienes dos opciones: trabajar como autónomo o asociarte/montar empresa. 

Lo más habitual para empezar es hacerlo como autónomo. Para ello debes de hacer una serie de trámites administrativos, dándote de alta en Hacienda y en el RETA (Seguridad Social) o Mutualidad. (En la próxima entrada se detallará.)

Para dar de alta en Hacienda hay que cubrir el modelo 037 de la Agencia Tributaria siguiendo los siguientes pasos: 

Primera página

En la primera página hay que especificar los datos identificativos y la causa de la presentación: alta, baja o modificación del Censo Empresarial. 

Segunda página

En la segunda página tienes que indicar la obligación del pago fraccionado a cuenta del IRPF que te corresponda y el modo de estimación en el que tributarás IRPF (objetiva o directa: normal o simplificada). La objetiva no nos incumbe, es la que se conoce por módulos. 

Estimación directa normal
  • Estimación directa normal. Se aplicará siempre que el importe de la cifra de negocios del conjunto de actividades ejercidas por el contribuyente supere los 600.000 euros anuales en el año inmediato anterior o cuando se hubiera renunciado a la estimación directa simplificada. 
Estimación directa simplificada
  • Estimación directa simplificada. Se calcula el IRPF en función de los beneficios que se obtengan por la actividad laboral.

Un beneficio que se obtiene mediante la diferencia entre ingresos y gastos deducibles. De este modo, queda claro que cuantos más ingresos tengamos, más IRPF pagaremos.

Por otro lado, si tenemos perdidas, es fácil compensarlas fiscalmente ya que éstas no tributan. En este caso, no pagaremos o pagaremos menos.

El autónomo deberá llevar libros de ventas e ingresos, compras y gastos, así́ como de bienes de inversión. En concreto, los libros obligatorios en este régimen serán: 

Libro Registro de Ingresos. 

Libro Registro de Gastos. 

Libro Registro de Bienes de Inversión 

Libro Registro de Provisiones y Suplidos. 

Seguidamente viene el apartado del IVA. Los regímenes aplicables en el caso que nos incumbe y que se muestran en el modelo 037 son:

General (21% IVA) 

Régimen especial del criterio de Caja.

El criterio de caja es un régimen especial de IVA por el que los autónomos que forman parte de él no han de liquidar el IVA de las facturas no cobradas a Hacienda, esto es, solo pagarás el IVA de las facturas que hayas cobrado.

Aun tratándose de un régimen voluntario, el autónomo que quiera darse de alta en el régimen especial de criterio de caja ha de cumplir la siguiente condición: no haber superado los 2 millones de euros de facturación el año natural anterior. Si se trata del primer año de actividad, el autónomo puede acogerse a este régimen 

Retenciones e ingresos a cuenta y a la especificación de la actividad

Por último, la tercera página se dedica a las retenciones e ingresos a cuenta y a la especificación de la actividad.

Es decir, aquí́ tienes que describir a lo que te dedicarás, el tipo de actividad que vas a desarrollar y el Grupo o epígrafe del Impuesto de Actividades Económicas en el que se enmarca tu actividad.

En el caso de los abogados, es A05 Profesionales – 2 Profesionales – IAE 731. Asimismo, se indicará el lugar donde se desarrollará la actividad.


Carlota Blanco Aguilar

Contable, administrativa contable

Si te ha gustado esta publicación, estate atento a las dos partes que se publicarán.

2 Comentarios

Deja una respuesta